Buenas tardes familias!!!!!! ¿Cómo están? En el día de hoy vamos a seguir trabajando con el cuento leído la semana pasada.
ACTIVIDAD:
Te presentamos aquí tres animales que habitan la selva misionera y podrían
formar parte de esta historia.
Lee esta caracterización sobre ellos así sabés cómo son.
Papagayos. Estas aves son también conocidas como
loros, periquitos, cacatúas, cotorras. Poseen un pico
curvado, patas con 4 dedos y son animales en los que
destaca su gran inteligencia. Son buenos voladores.
También destacan por el colorido de sus plumas y por la
variedad de tamaños que se pueden encontrar.
Tortugas. Son reptiles caracterizados por tener un
tronco ancho y corto, y un caparazón que protege los
órganos internos de su cuerpo. Mudan o desprenden
la piel y los escudos del caparazón poco a poco.
Yaguaretés. De apariencia similar al
leopardo pero de mayor tamaño, más pesado
y macizo, con la cabeza más robusta y la cola
más corta. La coloración del pelaje varía entre
el amarillo y el bayo fuerte en el lomo,
aclarándose hasta volverse blanco en las
partes inferiores, garganta y contorno de la
boca, con algunas manchas oscuras. Sobre
ese color tiene manchas en forma de rosetas.
Te propongo que vuelvas a releer este fragmento y lo reescribas eligiendo dos de los animales que viste arriba. Escribí cómo los imaginas (podés mirar algunas
características de la información que leíste) y como podría haber sucedido la historia.
El loro voló a otra rama más próxima, siempre charlando:
—¡Rico, pan con leche! ... ¡ESTA AL PIE DE
ESTE ARBOL ! ...
Al oír estas últimas palabras, el tigre lanzó un
rugido y se levantó de un salto.
—¿Con quién estás hablando? —bramó—. ¿A
quién le has dicho que estoy al pie de este
árbol?
—¡A nadie, a nadie! —gritó el loro—. “¡Buen
día, Pedrito! ... ¡La pata, lorito!...”
Y seguía charlando y saltando de rama en
rama, y acercándose. Pero él había dicho: está
al pie de este árbol para avisarle al hombre, que
se iba arrimando bien agachado y con la escopeta al hombro.
Y llegó un momento en que el loro no pudo
acercarse más, porque si no, caía en la boca del
tigre, y entonces gritó:
—“¡Rica papa!…” ¡ATENCION!
—¡Más cer-ca aun! —rugió el tigre, agachándose para saltar.
—“¡Rico, té con leche!...” ¡CUIDADO VA A
SALTAR!
Y el tigre saltó, en efecto. Dio un enorme salto, que el loro evitó lanzándose al mismo tiempo como una flecha en el aire. Pero también en
ese mismo instante el hombre, que tenía el
cañón de la escopeta recostado contra un tronco
para hacer bien la puntería, apretó el gatillo, y
nueve balines del tamaño de un garbanzo cada
uno entraron como un rayo en el corazón del
tigre, que lanzando un bramido que hizo temblar el monte entero, cayó muerto.
Pero el loro, ¡qué gritos de alegría daba! ¡Estaba loco de contento, porque se había vengado
—¡y bien vengado!— del feísimo animal que le
había sacado las plumas!
Voy a esperar ansiosa tu producción!!!! un beso grande!